Martes 11 de agosto del 2020

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Publicado por Almudena

El sábado por la mañana, nos levantamos pronto. Ya nos hemos despedido de todos pero sabemos que son las últimas horas que pasaremos en al albergue, así que hemos decidido desayunar con los pocos niños que quedan porque no pueden ir con sus familias. Compartimos nuestro desayuno con ellos y con Rubén, al que admiramos profundamente por su vida totalmente entregada a ellos. Queremos sonreír, estar alegres, tratar de pensar en todo lo bueno que junto a ellos hemos vivido. No queremos causar ninguna pena a estos chicos, acostumbrados ya a tanta pena...Y un regalo más, nos entregan una camiseta, que guardaremos como un tesoro. Una camiseta a cada uno de nosotros para que los llevemos y la llevemos. Nosotros les regalamos algo de material escolar, un turrón y una dama de Elche. ¡¡¡Qué alegría, qué alegría!!! Pero el mejor regalo es el de uno de los niños, que tendrá que quedarse en el centro el fin de semana porque no tiene familia. Nos ha dado en un papelito una carta a cada uno, casi no se entiende lo que pone pero está llena de cariño. Es un niño de la calle, un cholito abandonado por un padre alcohólico y por una familia inexistente. Deambulaba por las calles de Guayaquil antes de llegar aquí. Viéndole bailar te das cuenta de que no pertenece a esta selva de hormigón, a este caos de mundo urbano. Es un niño de la Sierra. Un niño andino, bajito y prieto, adaptado a la altitud. Moreno para soportar el sol a esos dos mil metros, con los ojos achinados para soportar el frío. Es inocente, voluntarioso y generoso, como la gente del campo, y desborda honradez y dignidad, como la gente del campo. A veces te mira como no entendiendo, víctima de una migración a la gran ciudad irracional y no planificada por nadie. Pero  es inteligente y saldrá adelante. Como él, cada uno de los chicos que aquí están tiene su propia historia y su propia fuerza para plantarle cara a la vida.

Subimos a la furgoneta a la que casi hemos tomado cariño, también. Tomamos el avión rumbo a Quito en un viaje muy divertido. Algunos nos miran con caras extrañas y otros nos felicitan por haber amenizado el viaje con un negro humor sobre las dificultades de aterrizaje en el aeropuerto de Quito. Ya en la ciudad comprobamos que el Soroche hace efecto en nosotros, a algunos les duele la cabeza y a otros les vuelve eufóricos...por no decir los problemas de expansión del gas en el interior de nuestros cuerpos. Pero hemos aprendido a sonreír por todo y también lo hacemos por resto. Llegamos al hotel entre canciones de El Fary, Nino Bravo...canciones entrañables. Hemos cambiado de hotel. Nos parece un palacio en comparación con las condiciones en las que vive la gente con la que hemos estado. Casi nos da vergüenza. Casi no, nos da vergüenza. El hambre aprieta y las ganas de comer algo diferente al arroz, unidas al olor que proviene de una brasería contigua al hotel nos decide a entrar en ella. Comemos demasiado, hay que reconocerlo. Nos espera una larga tarde de reflexión.

Retomamos la dinámica del pesado de ISHIKAWA para analizar las causas de los problemas que ocasionan la pobreza. Esta vez intentamos aportar soluciones, jugando a gobernantes. Nos damos cuenta de sólo hemos visto la punta del iceberg, de que los problemas son mucho más complejos, que no valen los tópicos y que es muy difícil dar respuesta a todo. Nos llevamos preguntas y unas ganas inmensas de buscar respuestas a partir de ahora. Esto se ha convertido ya en nuestro compromiso. Pero lo mejor es que en un contexto de tanta pobreza hemos descubierto muchas cosas positivas, mucha belleza. La gente quiere salir adelante y no se resigna. Vemos la alegría, la generosidad, el cariño de los excluidos.

Terminada la reflexión, decidimos reponer fuerzas. Eva y Fernando, que siempre nos cuidan, han elegido un local muy interesante y representativo de la cultura quiteña. Compartimos cena con Margoth, que ha dedicado su día festivo a acompañarnos. Todo el mundo es estupendo aquí. Eso nos ha parecido. ¿Será que ya somos capaces de verlo todo desde un punto de vista positivo?

Y a dormir...algunos pasan un frío de muerte porque no cierran las ventanas de sus habitaciones, y aquí el tiempo juega al despiste. Cuatro estaciones en un día. Por la noche, invierno. Mañana será otro día.

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